Strábon José R. Pellón: es español de nacimiento, aunque ha desarrollado su principal labor investigadora en Estados Unidos, donde obtuvo el grado de Philosophy Doctor (PhD) en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), del que posteriormente fue profesor. Ha repartido su actividad académica y profesional entre varios campos a primera vista inconexos: biología molecular, microbiología de alimentos, administración de empresas, veterinaria, ingeniería genética, tecnologías industriales, etc. Este libro se debe a la relación personal que mantiene desde hace años con muchos lugares arqueológicamente importantes de la península Ibérica.
"El primero de los tres milenios de la historia de Iberia:
hoy hace tres mil años que los fenicios aparecieron en las costas del sur de la Península, hecho que acabó originando una nueva era en Iberia. El interés principal de nuestros visitantes era económico: la plata y otros metales que explotaban los tartesios, quienes, a su vez, se interesaron por los nuevos artículos que viajaron con los fenicios: vino, perfumes, joyas, aceite, herramientas de hierro y cerámicas. De esta forma, ambos grupos entraron en una dinámica de beneficioso intercambio cuyas consecuencias no se limitaron al ámbito comercial.
A la vuelta de unos siglos, los cartagineses sustituyeron a los fenicios, mientras los íberos ocupaban de manera natural el lugar de los tartesios; sin olvidar la fecunda presencia de los griegos. Los íberos adaptaron a su mundo algunas de las ideas, maneras y técnicas de los pueblos ultramarinos, transformándose y despegando como pueblo innovador que logró desarrollar un alfabeto propio y modelos sociales y materiales de nuevo cuño.
Mientras tanto, la Iberia celta, profunda y norteña, la Iberia carpetovetónica de carpetanos y vettones y de otros pueblos celtas, seguía en su lento despertar histórico. Algunos de estos pueblos fueron capaces de incorporar parte del avanzado iberismo cultural y material, dando lugar a la etnia celtíbera, transcultural y transgénica, que derrochó valor y adquirió dimensión histórica suficiente como para cruzarse en el camino de los romanos. Dos siglos necesitó el nuevo imperio para dominar Iberia, labor que se consideró finalizada con la extenuación de los cántabros, después de que estos -en número de solo unos pocos miles- plantaran cara durante diez años a las decenas de miles de legionarios romanos del mismísimo Octavio Augusto, primer emperador de Roma, tan solo 19 años antes del nacimiento de Cristo. Para entonces, la baraja de nuestra historia ya llevaba repartidas varias manos de una partida que se seguiría jugando en los dos milenios siguientes y que continúa con pasión y empeño en la Iberia de hoy."
(José R. Pellón)

INICIO