Strábon
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CAPÍTULO 3:


1. Principiando de nuevo por el Hierón Akrotérion, la otra parte de la costa, la que se dirige hacia el Tágos, forma un golfo. Después viene el Ákra Barbárion(168), cercano a las bocas del Tágos, hasta el cual hay navegando en línea recta ...stadios. Aquí hay también esteros, de los que destacaremos uno que, partiendo del "pýrgos"(169), ya mencionado, penetra en más de cuatrocientos stadios, pudiendo llegar las naos hasta Salákeia(170). El Tágos, cuya amplitud en su desembocadura es de unos veinte stadios, tiene gran profundidad, pudiendo ser remontado por grandes naves de transporte. Como al inundarse las tierras vecinas en la pleamar se forman dos esteros de anchura de ciento cincuenta stadios, toda esta parte llana se halla abierta a la navegación. En el estero superior hay una isla de treinta stadios, aproximadamente, de larga y otro tanto de ancha, con olivos y viñas. Esta isla está cerca de Móron, ciudad bien situada sobre una montaña cercana al río y a distancia de unos quinientos stadios del mar, con ricos campos en sus alrededores y bien comunicada por vía fluvial, ya que las mayores naves pueden subir el río en buena parte, y más lejos por medio ya de barcos de ribera(171). Por encima de Móron es aún mayor la distancia navegable. En esta ciudad, Broútos el Kallaikós estableció sus bases de operaciones en las campañas contra los lysitanoí, a los que derrotó. Fortificó a Olysipón, en la orilla del río, con el fin de tener libre el paso y llevar los aprovisionamientos necesarios. Ambas ciudades son las más fuertes de cuantas se levantan en el Tágos(172). El río abunda extraordinariamente en peces y ostras. Nace entre los keltíberes y cruza por entre los ouéttones, karpetanoí y lysitanoí, corriendo hacia el Occidente equinoccial. Va paralelo al Ánas y al Baítis hasta cierto punto; luego sepárase de ellos, corriendo hacia la costa meridional(173).

2. De los pueblos que habitan en las partes dichas, los más meridionales son los oretanoí, que llegan hasta la costa comprendida dentro de las Columnas. Después de ellos están los karpetanoí, hacia el Septentrión, y más lejos los ouéttones y ouakkaíoi, por entre los que corre el Doúrios. En Akontía, ciudad de los ouakkaíoi(174), está el paso del río. Siguen, últimamente, los kallaikoí, que habitan en gran parte las montañas. Por haber sido difíciles de vencer, dieron su nombre al vencedor de los lysitanoí, y hoy la mayoría de los lysitanoí se llaman kallaikoí(175). Las ciudades principales de Oretanía son Kastoulón y Oría(176).

3. Al septentrión del Tágos se extiende la Lysitanía(129), la más fuerte de las naciones iberas y la que durante más tiempo luchó contra los rhomaíoi. Limitan esta región: hacia el lado Sur, el Tágos; por el Oeste y el Norte, el Océano, y al Este, las teirras de los karpetanoí, los ouéttones, los ouakkaíoi y los kallaikoí, por no citar sino los más conocidos. Los demás pueblos no son dignos de mención por su pequeñez y poca importancia; aunque, contrariamente a lo dicho, algunos autores modernos llaman a éstos también lysitanoí. Hacia la parte de Oriente los kallaikoí limitan con los ástoures(177) y con los [kelt]íberes, y los demás con los keltíberes. Su longitud es de trescientos stadios, y su anchura, muchos menor desde el lado oriental a la costa opuesta. La parte oriental es elevada y áspera, y la otra parte hasta el mar es llana, excepto algunas montañas de poca altura. Por esto Poseidónios dice que Aristotéles no piensa bien al suponer que este litoral y el de Maurousía es causa de los flujos y reflujos, ya que el mar baja y sube, porque como la costa es alta y escarpada, recibe y rechaza las olas con fuerza; pero hablando rectamente la verdad es todo lo contrario, pues las costas son en su mayor parte bajas y arenosas(178).

4. La región de que hablamos es rica y está regada por ríos grandes y pequeños que proceden de Oriente y corren paralelos al Tágos. La mayor parte de ellos son navegables y tienen gran cantidad de placeres de oro. De estos ríos los más conocidos, a partir del Tágos, son el Moúndas y el Ouakoúa, navegables sólo en corto trecho(179). Sígueles el Doúrios, de lejanas fuentes, que pasa junto a Nomantía y otras muchas ciudades de los keltíberes y ouakkaíoi. Los grandes navíos pueden remontarlo por espacio de unos ochocientos stadios(180). Después vienen otros ríos. Tras ellos el Léthes(181), llamado por unos Limaía y por otros Belíon. Éste también viene del país de los keltíberes y ouakkaíoi. Lo mismo pasa con el Baínis, llamado por otros Mínion, el mayor de todos los ríos de Lysitanía, e igualmente navegable en unos ochocientos stadios; Poseidónios dice que procede también del país de los kántabroi(199). En su desembocadura hay una isla con dos muelles, a los que pueden arrimar los barcos(182). Tiene una disposición natural digna de alabanza, pues los ríos éstos, encajados entre orillas tan altas, pueden contener las mareas ascendentes, evitando así los desbordamientos y las inundaciones de las tierras bajas. Aquí terminó la expedición de Broútos(172). Más adelante hay otros ríos que corren paralelos a los ya nombrados.

5. Los últimos son los ártabroi, que habitan cerca del cabo que llaman Nérion, donde se une el lado occidental y el septentrional. En sus cercanías se hallan también los keltikoí, parientes de los que viven sobre el Ánas. Éstos emprendieron con los tourdoúloi una campaña, y dicen que pasado el río Limaía desertaron; y como tras la reyerta adviniese la muerte de su jefe, permanecieron allí dispersos, lo que hizo que a este río se le llamase también Léthes(181). Los ártabroi tienen sus ciudades aglomeradas en la bahía, a la que los marineros que por allí navegan llaman "Puerto de los Ártabroi". Hoy día a los ártabroi se les llama también arotrébai(183). En la región sita entre el Tágos y el país de los ártabroi habitan unas treinta tribus. Esta región es naturalmente rica en frutos y en ganados, así como en oro, plata y muchos otros metales; sin embargo, la mayor parte de estas tribus han renunciado a vivir de la tierra para medrar con el bandidaje(184), en luchas continuas mantenidas entre ellas mismas, o atravesando el Tágos, con las provocadas contra las tribus vecinas. Pero los rhomaíoi, poniendo fin a este estado de cosas, las han obligado en su mayoría a descender de las montañas a los llanos, reduciendo sus ciudades a simples poblados, mejorándolos también con el establecimiento de algunas colonias entre ellos. El origen de tal anarquía está en las tribus montañesas, pues habitando un suelo pobre y carente de lo más necesario, deseaban, como es natural, los bienes de los otros. Mas como éstos, a su vez, tenían que abandonar sus propias labores para rechazarlos, hubieron de cambiar el cuidado de los campos por la milicia, y, en consecuencia, la tierra no sólo dejó de producir incluso aquellos frutos que crecían espontáneos, sino que además se pobló de ladrones.

6. Dicen que los lysitanoí son diestros en emboscadas y persecuciones, ágiles, listos y disimulados. Su escudo es pequeño, de dos pies de diámetro, y cóncavo por su lado anterior; lo llevan suspendido por delante con correas, y no tiene, al parecer, abrazaderas ni asas. Van armados también de un puñal o cuchillo; la mayor parte llevan corazas de lino, y pocos cota de malla y cascos de tres cimeras. Otros se cubren con cascos tejidos de nervios; los infantes usan "knemídes" y llevan varias jabalinas; algunos sírvense de lanzas con punta de bronce(185). Entre los pueblos que habitan sobre el río Doúrios dicen que hay algunos que viven al modo lacónico(186), y usan de aceite (?), calientan sus recipientes con piedras enrojecidas al fuego, se bañan en agua fría y no hacen más que una comida, mesurada y sencilla. Los lysitanoí hacen sacrificios y examinan las vísceras sin separarlas del cuerpo; observan asimismo las venas del pecho y adivinan palpando. También auscultan las vísceras de los prisioneros, cubriéndolas con "ságoi". Cuando la víctima cae por mano del "hieroskópos", hacen una primera predicción por la caída del cadáver. Amputan las manos derechas de los cautivos y las consagran a los dioses(187).

7. Todos los habitantes de la montaña son sobrios: no beben sino agua, duermen en el suelo, y llevan cabellos largos al modo femenino, aunque para combatir se ciñen la frente con una banda(188). Comen principalmente carne de cabrón; a Áres sacrifican cabrones, y también cautivos y caballos; suelen hacer hecatombes de cada especie de víctima, al uso griego, y por decirlo al modo de Píndaros, "inmolan todo un centenar". Practican luchas gýmnicas, hoplíticas e hípicas, ejercitándose para el pugilato, la carrera, las escaramuzas y las batallas campales. En las tres cuartas partes del año los montañeses no se nutren sino de bellotas, que, secas y trituradas, se muelen para hacr pan, el cual puede guardarse durante mucho tiempo. Beben "zýthos", y el vino, que escasea, cuando lo obtienen se consume en seguida en los grandes festines familiares. En lugar de aceite usan manteca(189). Comen sentados sobre bancos construidos alrededor de las paredes, alineándose en ellos según sus edades y dignidades; los alimentos se hacen circular de mano en mano; mientras beben, danzan los hombres al son de flautas y trompetas, saltando en alto y cayendo en genuflexión. En Bastetanía las mujeres bailan también mezcladas con los hombres, unidos unos y otros por las manos(190). Los hombres van vestidos de negro, llevando la mayoría el "ságos"(191), con el cual duermen en sus lechos de paja. Usan de vasos labrados en madera, como los keltoí(192). Las mujeres llevan vestidos con adornos florales. En el interior, en lugar de moneda practican el intercambio de especies o dan pequeñas láminas de plata recortadas(193). A los criminales se les despeña, y a los parricidas se les lapida, sacándolos fuera de los límites de su patria o de su ciudad. Se casan al modo griego. Los enfermos, como se hacía en la Antigüedad entre los assýrioi, se exponen en los caminos para ser curados por los que han sufrido la misma enfermedad(194). Antes de la expedición de Broútos, no tenían más que barcas de cuero para navegar por los estuarios y lagunas del país; pero hoy usan ya bajeles hechos de un tronco de árbol, aunque su uso aún es raro. Su sal es purpúrea, pero se hace blanca al molerla(195). Así viven estos montañeses, que, como dije, son los que habitan en el lado septentrional de Ibería; es decir, los kallaikoí, ástoures y kántabroi, hasta los ouáskones y el Pyréne, todos los cuales tienen el mismo modo de vivir(196). Podría hacer la lista de estos pueblos más larga; pero renuncio a una descripción aburrida, pues a nadie le agradaría oír hablar de los pleútauroi, bardyétai, allótriges, y otros nombres menos bellos y más ignorados(197).

8. Su rudeza y salvajismo no se deben sólo a sus costrumbres guerreras, sino también a su alejamiento, pues los caminos marítimos y terrestres que conducen a estas tierras son largos, y esta dificultad de comunicaciones les ha hecho perder toda sociabilidad y toda humanidad. Sin embargo, hoy el mal es menor gracias a la paz y a la llegada de los rhomaíoi. Allí donde estas dos ventajas no han penetrado, conservan un carácter más feroz y brutal, sin tener en cuenta que esta disposición natural entre la mayoría de ellos ha podido aumentarse por causa de la aspereza del país y el rigor del clima(198). Mas, repito, todas estas guerras están hoy día acabadas; los mismos kántabroi, que de todos estos pueblos eran los más aferrados a sus hábitos de bandidaje, así como las tribus vecinas, han sido reducidos por Sebastós Kaísar(199); y ahora, en lugar de devastar, como antes, las tierras de los aliados del pueblo romano, llevan sus armas al servicio de los mismos rhomaíoi, como acaece precisamente con los koniakoí(200) y con los plentouísoi, que habitan hacia las fuentes del Íber. Tibérios(201), además, por indicación de Sebastós Kaísar, su predecesor, ha enviado a estas tierras un cuerpo de tres legiones, cuya presencia ya ha hecho mucho no sólo pacificando. sino también civilizando una parte de estos pueblos.
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