Strábon
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CAPÍTULO 2:


1. La Tourdetanía, a la cual riega el río Baítis, extiéndese al interior de esta costa por la parte de acá del Ánas. Se halla limitada al Occidente y al Septentrión por el curso del Ánas; al Oriente, por parte de los karpetanoí(30) y algunos oretanoí(31); hacia el Mediodía, por los bastetanoí(44), que habitan la estrecha faja costera que se extiende de Kálpe a Gádeira y del Mar Exterior hasta el Ánas. También pueden adscribirse a ella los bastetanoí, de los cuales dije ya que habitaban en la Tourdetanía, así como las gentes que ocupan el otro lado del Ánas, y gran parte de sus vecinos. Tanto en su latitud como en su longitud, el tamaño de esta región no excede de los dos mil stadios(64). Las ciudades son, empero, numerosísimas, pues dicen ser doscientas. Las más importantes por su tráfico comercial son las que se alzan junto a los ríos, los esteros o el mar. Entre ellas destacan Kórdyba(65), fundación de Markéllos, y por su gloria y poderío, la ciudad de los gaditanoí(66); ésta sobresale además por sus empresas marítimas y su adhesión a su alianza con los rhomaíoi(67); y aquélla, que domina un gran trecho del Baítis, por la fecundidad y amplitud de su territorio. Habitáronla desde el comienzo un núcleo selecto de rhomaíoi y de indígenas vecinos, pues fue ésta la primera colonia(68) que los rhomaíoi enviaron a dicho territorio. La más ilustre, después de esta ciudad y de la de los gaditanoí, es Híspalis(69), también fundación de los rhomaíoi. Su emporio aún hoy pervive; pero su importancia ha sido superada desde que hace poco se establecieron en Baítis(70) soldados de Kaísar(71), colonia, sin embargo, no muy ilustre en su fundación.

2. Trás ellas se destacan Itálica(70) e Ílipa(72), sobre el Baítis; Ástigis(73), más alejada de él; Kármon(74) y Oboúlkon(75); después, en la comarca donde fueron derrotados los hijos de Pompéios(76), Moúnda, Atégoua, Oúrson,Toúkkis, Oulía y Aígoua, todas ellas(77) cercanas a Kórdyba. Moúnda es, en cierto modo, la metrópolis de este territorio. Moúnda dista mil cuatrocientos stadios(78) de Karteía, donde se refugió tras su derrota Gnaíos(79). De ella partióse en una nave a otro punto montañoso de la costa, donde fue muerto. Su hermano Séxtos salvóse huyendo de Kórdyba, y tras de haber luchado por poco tiempo entre los íberes, se fue a sublevar la Sikelía(80). Expulsado de ella, pasóse al Asíe(81), donde sorprendido por los generales de Antónios en Míletos(82), perdió la vida. Entre los keltikoí(27), es Konístorgis(83) la ciudad más famosa; pero en los esteros lo es Ásta, donde los gaditanoí se suelen reunir a menudo, ya que no está mucho más de cien stadios(84) del arsenal de la isla.

3. Las orillas del Baítis son las más pobladas; el río puede remontarse navegando hasta una distancia aproximada de mil doscientos stadios(85), desde el mar hasta Kórdyba, e incluso hasta algo más arriba. Las tierras están cultivadas con gran esmero, tanto las ribereñas como las de sus breves islas. Además, para recreo de la vista, la región presenta arboledas y plantaciones de todas clases admirablemente cuidadas. Hasta Híspalis(69), lo que supone cerca de quinientos stadios(86), pueden subir navíos de gran tamaño; hasta las ciudades de más arriba, como Ílipa(72), sólo los pequeños. Para llegar a Kórdyba es preciso usar ya de barcas de ribera, hoy hechas de piezas ensambladas, pero que los antiguos las construían de un solo tronco(87). Más arriba de Kastoulón(88) el río deja de ser ya navegable. Varias cadenas montañosas y llenas de metales siguen la orilla septentrional del río, aproximándose a él unas veces más, otras menos. En las comarcas de Ílipa y Sisápon(89), tanto la antigua como la moderna, existe gran cantidad de plata. Cerca de las llamadas Kótinai(90) nace cobre y también oro. Cuando se sube por la corriente del río, estas montañas se extienden a la izquierda, mientras que a la derecha se dilata una grande y elevada llanura, fértil, cubierta de grandes arboledas y buena para pastos. El Ánas es también navegable, pero no por tanto trecho ni en navíos tan grandes. Su orilla septentrional va también bordeada por montes metalíferos que se extienden hasta el Tágos(24). Las comarcas donde hay metales son por naturaleza ásperas y estériles; así son también las contiguas a la Karpetanía(91), y aún más las que confinan con los keltíberes(92). Tal es, igualmente, el aspecto de la Baitouría(93), cuyas secas llanuras bordean el curso del Ánas.

4. La Tourdetanía es maravillosamente fértil; tiene toda clase de frutos y muy abundantes; la exportación duplica estos bienes, porque los frutos sobrantes se venden con facilidad a los numerosos barcos de comercio. Esto se halla favorecido por sus corrientes fluviales y sus abras, semejantes, como dijimos, a ríos, y como tales, remontables desde el mar hasta las ciudades de tierra adentro, ya por navíos grandes, ya por otros más pequeños. Toda la tierra que se extiende trans la costa comprendida entre el Hierón Akroterión y las Stelai(3) es llana. Ábranse en ella frecuentes escotaduras semejantes a hondonadas de regular tamaño, o a valles fluviales, por las que el mar penetra tierra adentro hasta muchos stadios de distancia; las aguas ascendentes de la pleamar invádenlas de tal modo que los barcos entonces pueden subir por ellas como si lo hiciesen por un río, y hasta más fácilmente; en efecto, su navegación se parece a la fluvial, libre de obstáculos, ya que el movimiento ascendente de la pleamar la favorece, como lo haría el fluir de un río. En estas costas las mareas ascendentes son mayores que en otras, pues impulsadas las aguas desde el Gran Mar(94) contra la estrecha boca que forma la Maurousía(43), al avanzar sobre Ibería, al verse obligadas a retroceder, invaden entoncers fácilmente las tierras circundantes. Algunas de estas depresiones costeras se vacían con la marea baja, aunque las hay también que no desalojan el agua por entero; otras suelen contener islas. Así son las abras comprendidas entre el Hierón Akroterión y las Stélai, donde las mareas son más vivas que en otras partes. Estas mareas proporcionan ciertas ventajas a los navegantes: por ellas las abras son más numerosas y mayores, lo cual permite que las naos, en algunos casos, puedan ascender por sus aguas hasta ochocientos stadios(95) tierra adentro. Así, pues, siendo la región navegable en todos sentidos, tanto la importación como la exportación de mercancías se ve extraordinariamente facilitada. Sin embargo, presentan también algunos inconvenientes: la navegación en los ríos es extremadamente peligrosa, tanto para las naves que lo suben como para las que lo bajan, porque la fuerza de la pleamar choca con violencia contra las aguas descendentes de los ríos. En los esteros es el reflujo lo peligroso; en efecto, de modo análogo estos peligros se acentúan en las pleamares, pues con la velocidad del agua ascendente, a menudo los navíos se quedan en seco. Ocurre también que los animales que pasan a las islas del río antes de la pleamar, sorprendidos por ésta, y al subir, ya al bajar, suelen perecer por falta de fuerza para luchar con la corriente al intentar el regreso. Dicen que los toros, acostumbrados al hecho, esperan a que se termine el reflujo para volverse entonces a la tierra firme.

5. Los indígenas, conocedores de la naturaleza de la región, y sabiendo que los esteros pueden servir para lo mismo que los ríos, han construido sus ciudades y poblados sobre aquéllos, tal como lo hacen en las riberas de los ríos. Así fueron levantadas Ásta(57), Nábrissa(58), Ónoba(96), Ossónoba(97), Maínoba(98) y otras más. La serie de canales que han sido abiertos por doquier ayudan al tráfico y a las relaciones, tanto entre ellos mismos como con los forasteros. Del mismo modo, también en la pleamar se utilizan los brazos confluentes cuando los isthmos que los separan se hacen navegables al quedar anegados. Las naos pasan entoces de los ríos a los esteros, y viceversa. Todo el tráfico se hace con Italía(99) y Rhóme(100). La navegación hasta las Columnas, aunque a veces el paso del estrecho suele tener dificultades, es buena, así como la de Nuestro Mar, donde, efectivamente, gracias a la bonanza del tiempo, las travesías se llevan felizmente a cabo, sobre todo en la navegación de altura; ello es especialmente ventajoso para los navíos de carga. Además, en alta mar los vientos son regulares; añádase a esto que, gracias a la extirpación de la piratería(101), la paz es hoy general, todo lo cual hace la navegación segura. Poseidónios(22), empero, observó algo peculiar a su regreso de Ibería: dice que los "eúroi"(102) soplan en aquel mar hasta el golfo de Sardó(103), en una determinada época del año, y que por ello necesitó tres meses para llegar penosamente a Italia, siendo desviado de su ruta hacia las islas Gymnésiai(104) y Sardó y hacia las costas de Libýe(13), a ellas opuestas.

6. De Tourdetanía(35) se exporta trigo, mucho vino y aceite; éste, además, no sólo en cantidad, sino de calidad insuperable. Expórtase también cera, miel, pez, mucha cochinilla y minio mejor que el da la tierra sinópica(105). Sus navíos los contruyen allí mismo con maderas del país. Tiene sal fósil y muchas corrientes de ríos salados, gracias a lo cual, tanto en estas cosas como en las de más allá de las Columnas, abundan los talleres de salazón de pescado, que producen salmueras tan buenas como las pónticas(106). Antes se importaba de aquí cantidad de tejidos; hoy mismo, sus lanas(107) son más solicitadas que las de los koraxoí, y nada hay que las supere en belleza. Por un carnero reporductor se paga no menos de un "tálanton"(108). De gran calidad son también los tejidos ligeros que fabrican los saltiétai(109). La abundancia de ganados de toda especie es allí enorme, así como la caza. Los animales dañinos son raros; excepción hecha de unas liebrecillas(110) que agujerean la tierra y a las que algunos llaman "leberídes". Estos animales, como se alimenta de raíces, destruyen plantas y semillas. Así ocurre en casi toda Ibería, extendiéndose el mal también hasta Massalía(111), e incluso las islas(112). Cuentan que en cierta ocasión los indígenas de las Gymnésiai enviaron legados a los rhomaíoi pidiéndoles otras tierras, pues se veían expulsados de las suyas por estos animnales imposibles de combatir, dada su multitud. Y en verdad tal recurso puede ser útil cuando -lo que no siempre acaece- una invasión de este género sobrepasa sus proporciones habituales y se propaga como la peste, al modo de las plagas de serpientes o de ratas de los campos. Mas para los casos normales se han descubierto diversos modos de caza, como el de la comadreja salvaje(113), que, acostumbrada a este menester, produce la Libýe. Para ello dichas comadrejas, una vez atadas, son colocadas en las bocas de las madrigueras; entonces, con sus uñas extraen a las liebrecillas para que las apresen, o, en otros casos, las obligan a huir buscando una salida, donde los cazadores allí apostados las capturan. La excelencia de las exportaciones de Tourdetanía manifiéstase en el gran número y el gran tamaño de las naves; los mayores navíos de carga que arriban a Dikaiárcheia(114) y a Óstia(115), puerto de Rhóme, proceden de aquí, y su número es casi igual al que viene de Libýe.
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