Strábon
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CAPÍTULO 1:


1. Hemos dado un primer esbozo de la Tierra; a continuación vamos a hacer una descripción de sus distintas partes. Éste es el plan proyectado, y hasta ahora tal distribución del tema nos parece recta. Como antes, y por las mismas causas, es preciso comenzar de nuevo por Európe y sus regiones(1).

2. La primera parte de ella es, como decíamos, el Occidente; es decir, Ibería(2); ésta, en su mayor extensión, es poco habitable, pues casi toda se halla cubierta de montes, bosques y llanuras de suelo pobre y desigualmente regado. La región septentrional es muy fría por ser accidentada en extremo, y por estar al lado del mar se halla privada de relaciones y comunicaciones con las demás tierras, de manera que es muy poco hospitalaria. Así es el carácter de esta región. La meridional casi toda ella es fértil, principalmente la de fuera de las Stélai(3). Tal es lo que hemos de destacar en cada una de las descripciones siguientes, ateniéndonos en primer lugar a la forma y extensión.

3. Se parece [Ibería] a una piel(4) tendida en el sentido de su longitud de Occidente a Oriente, de modo que la parte delantera mire al Oriente, y en sentido de su anchura del septentrión al Mediodía. Tiene seis mil stadios de longitud; pero su latitud allí donde ésta es mayor, alcanza los cinco mil stadios, aunque en ciertos lugares desciende a menos de tres mil, especialmente hacia el Pyréne(5), que forma el lado oriental. Esta montaña, en efecto, extiéndese sin interrupción de Sur a Norte, limitando la Keltiké(6) de la Ibería. Como la Keltiké y la Ibería son de distinta anchura, y como es en el Pyréne donde se aproximan más ambos países, presentan su menor anchura de las riberas del Mar Nuestro(7) a las del Océano. Tanto, pues, del lado del Océano como del Mar Nuestro, forman golfos. Los golfos célticos, llamados también galáticos(8), son mayores, haciendo al isthmo más estrecho por la parte de Ibería. En cuanto al lado meridional, está determinado en parte por Nuestro Mar, desde el Pyréne hasta las Stélai, y en parte por el Mar Exterior(7) hasta el Hierón Akrotérion(9). El tercer lado es el occidental, que se extiende en sentido paralelo al Pyréne, desde el Cabo Hierón hasta el cabo de la parte de los ártabroi(10), al cual se le llama Nérion(11). El cuarto lado se extiende desde éste a la extremidad septentrional del Pyréne.

4. Hagamos una descripción detallada, empezando por el Hierón Akrotérion. Éste es el punto más occidental no sólo de Európe, sino también de toda la "oikouméne"(12), pues el mundo habitado se termina por el ocaso con los dos continentes, es decir, con la península de Európe y con la extremidad de Libýe(13), de las cuales una ocúpanla los íberes(14) y otra los mauroúsioi(15). Los confines de Ibería se extienden unos mil quinientos stadios(16) más allá de la citada extremidad. De ahí el nombre con que se designa al territorio contiguo a dicho confín, que en lengua latina llaman "Cuneus", con lo que quieren significar "sphén"(17). Este promontorio se proyecta dentro del mar, y Artemídoros(18), que según afirma visitó el lugar, lo compara a una nave, y dice que tres pequeñas islas contribuyen a darle esta figura: una ocupa el lugar del espolón, y las otras dos, con regulares condiciones para aportar, el de las "epotídes"(19). Y dice que no hay allí ningún templo de Heraklés(20), como falsamente afirmó Éphoros(21), ni ningún altar dedicado a él ni a ningún otro dios, sino piedras esparcidas por doquier en grupos de tres o cuatro, las cuales, según una antigua costumbre, son vueltas del revés por los que visitan el lugar y después de ofrecida una libación reintegradas a su postura primera. Y no está permitido ofrecer sacrificios ni aun estar allí durante la noche, pues dicen que los dioses lo ocupan en aquellas horas. Los que van a visitarlo pernoctan en una aldea próxima, y después, de día, entran allí llevando consigo agua, ya que el lugar no la tiene.

5. Estas afirmaciones cabe que respondan a la verdad, y debemos creerlas; pero lo que nos cuenta [Artemídoros], siguiendo las tradiciones populares, hemos de recharzarlo por entero. Según Poseidónios(22), es opinión vulgar que en las orillas del Océano el Sol es más grande en su ocaso, y se pone con ruido casi como si al extinguirse, en el momento de caer en lo profundo, la mar chirriase. Pero esto -dice- es falso, como lo es que la noche siga inmediatamente tras la puesta del Sol, sino que sobreviene después de un breve iontervalo, tal como acaece en los otros grandes mares; porque en las regiones donde el Sol se pone detrás de montañas, el día perdura después de oculto el Sol por virtud de la luz difusa; pero en las costas no sigue ningún intervalo considerable, si bien las tinieblas no acvienen al instante, como tampoco advienen al punto en las dilatadas llanuras. En cuanto a la ilusión visual del tamaño del Sol, en los mares éste crece a la puesta como a la salida, porque del agua se eleva en tales ocasiones una mayor cantidad de vapor; es decir, que los rayos visuales, al pasar a través de este vapor como a través de una lente, se refractan, y por ello la imagen se hace mayor, como sucede cuando el Sol o la Luna se ven en su puesta u orto a través de una niebla seca y tenue, en cuyos casos los astros aparecen algo rojizos. Y dice [Poseidónios] que se convenció de la falsedad de las mencionadas aserciones cuando, durante su estancia de treinta días en Gádeira(23), pudo observar las puestas del Sol. Mas Artemídoros afirma que el Sol al ocultarse es cien veces mayor que de ordinario, y que la noche adviene de un modo repentino. Si nos atenemos a sus propias manifestaciones, no es creíble que él mismo haya visto este fenómeno desde el Hierón Akrotérion, puesto que afirma que nadie puede pisarlo durante la noche, y como la noche sucede bruscamente al día, no habría podido permanecer en él a la caída del Sol. Tampoco pudo ver esto en otro lugar a orillas del Océano, porque, aunque Gádeira está ciertamente sobre él, Poseidónios y otros más atestiguan lo contrario.

6. La parte del litoral adyacente al Hierón Akrotérion forma el comienzo del lado occidental de Ibería, y va por una parte desde la desembocadura del río Tágos(24) hasta el comienzo del lado meridional, y por la otra hasta el río Ánas(25) y su desembocadura. Ambos proceden de la parte de Levante; pero el primero, mucho mayor que el otro, corre derecho hacia Poniente, mientras que el Ánas vuélvese hacia el Mediodía, formando así entre ambos una "mesopotamía"(26), cuya población está integrada en su mayor parte por keltikoí(27) y algunas tribus de lysitanoí(28), trasladadas por los rhomaíoi(29) a la orilla opuesta del Tágos. En las zonas altas habitan los karpetanoí(30), oretanoí(31) y ouéttones(32) en gran número. Este país es regularmente fértil; pero aquel que le sigue hacia el Oriente y el Mediodía no cede a ninguno de los már ricos territorios de la "oikouméne" por las excelencias de sus bienes, tanto terrestres como marítimos. Esta región es la que riega el río Baítis(33), que tiene principio en los mismos parajes del Ánas y el Tágos y que, por su tamaño figura entre estos dos. Corre, igual que el Ánas, primero hacia el Occidente; después dobla hacia el Mediodía, desembocando en el mar por las mismas playas que aquél. Dicha región se llama Baitiké(34), del nombre del río, y Tourdetanía(35), del nombre del pueblo que la habita; a estos habitantes llámaseles tourdetanoí(36) y tourdoúloi(37), que unos creen son los mismos; mas, según otros, dos pueblos distintos. Polýbios(38) está entre estos últimos, pues dice que los tourdetanoí tenían como vecinos por su Norte a los tourdoúloi. Hoy día no se aprecia ninguna diferencia entre ambos pueblos. Tienen fama de ser los más cultos de los íberes; poseen una "grammatiké"(39), y tienen escritos de antigua memoria, poemas y leyes en verso, que ellos dicen de seis mil años(40). Los demás íberes tienen también su "grammatiké"; mas ésta ya no es uniforme, porque tampoco hablan todos la misma lengua(41). Dicha comarca, sita al lado de acá del Ánas, se extiende hacia el Este hasta la Oretanía(42), y por el Sur hasta la costa comprendida entre las bocas del Ánas y las Columnas. Pero es necesario hablar de ella más ampliamente, así como de las regiones contiguas, y de la cuantía de lo que contiene, con el fin de dar a conocer la fertilidad y la excelencia de sus regiones.

7. Entre la parte del litoral donde desembocan el Baítis y el Ánas, y el extremo de la Maurousía(43), una invasión del Mar Atlanticós(7) ha formado el estrecho de las Columnas, por el que hoy comunica el Mar Interior con el Exterior. Aquí, entre los íberes que llaman bastetanoí(44), conocidos también por bástouloi(45), se levanta el monte Kálpe(46), de perímetro no grande, pero de mucha elevación y pronunciada pendiente, de tal modo que, visto de lejos, se presenta como una isla. Al salir navegando de Nuestro Mar y entrar en el Exterior, se queda a la derecha. Más lejos, a cuarenta stadios, se ve la ciudad de Karteía(47), ilustre y antigua, antes estación naval de los íberes. Algunos atribuyen su fundación a Herakles(48), y Timosthénes(49), que es uno de ellos, dice que antiguamente se llamó Herákleia, y aún eran visibles su gran recinto y sus arsenales.

8. Viene a continuación Menlaría(50), con industria de salazón(51), y tras ella la ciudad y el río de Belón(52). Habitualmente se embarca aquí para pasar a Tíngis(53), de la Maurousía, y tiene también mercado y salazones. Tíngis tuvo antes por vecina a Zélis; mas los rhomaíoi trasladaron esta ciudad a la orilla opuesta, con parte de la población de Tíngis; enviaron aún una colonia de ciudadanos romanos, y llamaron a la ciudad Ioulía Íoza(54). Sigue después Gádeira(23), isla separada de la Tourdetanía por un estrecho canal y alejada de Kálpe en unos setecientos cincuenta stadios, que otros calculan en ochocientos. Esta isla, que en nada difiere de otras, gracias a la intrepidez de sus habitantes en las cosas del mar y a su adhesión a los rhomaíoi(29), ha experimentado un tal incremento en su fortuna de todo orden que, a pesar de alzarse en el extremo de las tierras, es la más famosa de todas. Pero volveremos a hablar de ella cuando tratemos de las demás islas(55).

9. Sigue el puerto llamado de Menestheús(56), y el estero que está junto a Ásta(57) y Nábrissa(58). Se llaman esteros a las escotaduras litorales que el agua del mar llena en la pleamar, y por las que se puede navergar remontando la corriente como por los ríos hasta el interior de las tierras y las ciudades de sus orillas. Inmediatamente después se halla la desembocadura del Baítis(33), dividida en dos brazos; la isla comprendida entre ambas bocas abarca un trecho de costa que tiene cien stadios o más, según algunos. Allí es donde se encuentra el oráculo de Menestheús(56) y donde se alza el "Kaipíonos Pýrgos"(59), construido sobre rocas a las que circundan las olas, obra admirablemente hecha y destinada, como el Pháros(60), a evitar la pérdida de los navegantes; pues como los aluviones arrojados por el río producen bajíos y sus proximidades están sembradas de escollos, se hizo necesaria una señal perceptible de lejos. De aquí, remotando el Baítis, está la ciudad de Eboúra(61) y el santurario de Phosphóros(62) llamado también "Lux Divina"(63). Más adelante se abren las entradas de otros estuarios, tras los cuales sigue el río Ánas, también de doble embocadura, ambas navegables. Luego, finalmente, se halla el Cabo Hierón(9), que dista de Gádeira(23) menos de dos mil stadios. Otros dicen que del Hierón Akrotérion hasta la desembocadura del Ánas(25) hay sesenta millas, y que desde allí a la desembocadura del Baítis hay un centenar, así como de éste a Gádeira se cuentan setenta.
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CAPÍTULO II.